Hace años y en un desespero porque se entendiera la UNIDAD política venezolana, como la única herramienta o mecanismo para derrotar al chavismo, viajé a Caracas a entregarle un escrito, elaborado por mí sobre la unidad, al doctor Ramón Guillermo Aveledo. Apenas si pude hablar con él, durante su salida de una reunión, en un ascensor donde se dirigía al estacionamiento para tomar rumbo a otra reunión y ya habiendo entregado el documento a su secretaria, esgrimiendo mis argumentos sobre la necesidad de llamar a un consenso nacional, en donde los partidos políticos se despojaran de sus banderas temporalmente y se aglutinaran al rededor de una sola causa o estaríamos condenados a seguir bajo el yugo de un nuevo tirano. Resultado, pocas palabras y ninguna respuesta.
Este blog, ha permanecido en "estado de suspensión" o "sleep mode", por mucho tiempo, por una sola razón que asumo que todos entenderán, miedo. Para nadie es un secreto la persecución sistemática a la disidencia en Venezuela, por lo que las voces de protesta se han ido apagando y ahora cuando esas voces resurgen, quisiera dedicar un poco de nuestra experiencia a Colombia.
El sarcasmo de que Venezuela no es Cuba, todavía resuena en reuniones, escritos y en muchos ejemplos políticos de la ruta que no se debe asumir, pero la realidad es que muy pocos aprenden de las experiencias ajenas y en política, en donde una gran carga es de intereses personales o grupales, pareciera que esas experiencias son invisibles. Nadie es capaz de conocer el monstruo izquierdista, hasta que impera con toda su fuerza, nadie entiende la naturaleza de sus acciones ni lo despiadado de sus políticas, porque los demócratas creen que todos piensan democráticamente y la izquierda se aprovecha de las brechas u oportunidades que brinda la democracia, para doblarlas y amoldarlas a sus intereses y solo después que la han blindado, es cuando entendemos que nos han encerrado como hacen con los báquiros.
Hoy, a menos de dos semanas de las que pudieran representar las últimas elecciones transparentes en Colombia, la democracia colombiana o mejor dicho sus representantes, no lograron establecer ese acuerdo nacional y se exponen a ser los próximos usuarios del sarcasmo político, "Colombia no es Venezuela".
Solo nos resta esperar que la izquierda no haya jugado a amañar encuestas y hacer ver otro escenario, en donde su candidato termine liderando una segunda vuelta, porque Colombia ni la región merecen la continuidad de un sistema que le ha hecho un flaco favor a su país y obvio a sus habitantes. En tanto, solo nos resta esperar a fin de mes y rogar que aún triunfando la derecha, en cualquiera de sus candidatos, sepan entender el momento político a la hora de sus políticas públicas, porque la izquierda colombiana les está respirando en la nuca.
