Hubo, en la primera década del milenio, un dicho que estuvo en boga de periodistas, políticos y del venezolano común "perdimos la capacidad de asombro". Era evidente, ante la cantidad y magnitud de los desmanes de este régimen, día a día los venezolanos nos veíamos arropados con un escándalo que superaba al anterior.
Podría decirse, en favor del bienestar colectivo, que recuperamos la capacidad de asombro o que la dosis de irregularidades fue de tal nivel, que el talante o escala comparativa con la que veíamos las cosas, se elevo significativamente. El 2026 nos sorprendió con una noticia que no esperábamos, que pedíamos a gritos, que necesitabamos con urgencia desde hace mucho, pero que el 3 de enero se vio materializada con lo que a todas luces significaba el comienzo del fin de una era de saqueos y desastres en todos los ámbitos de Venezuela. La felicidad era evidente, la sonrisa nos volvió al rostro y se podía oler la democracia, afianzada en un "plan de 3 etapas". La aceptación porcentual de los líderes norteamericanos superaba cualquier expectativa, mientras que los números inflados del régimen estaban cada día peor y al descubierto.
Apenas si lográbamos esbozar esa gran sonrisa, cuando nos percatamos del secuestro, un secuestro millonario en todas sus aristas.
Millones de venezolanos nos encontramos en peores condiciones, la economía por el piso, los sueldos miserables y secuestrados por un gobierno que no fue electo, que no llegó por la fuerza o por las armas, que no es el resultado de una concertación nacional, sino una especie de tecnocracia impuesta por factores conciliatorios que no representan los intereses del ciudadano o de los millones de ciudadanos del país. Secuestrados porque debemos proteger lo poco que hemos construido, porque debemos cuidar a los seres queridos que no tienen la capacidad de huir, porque aún tenemos la dignidad intacta y la fe en que esto va a cambiar.
Millones de venezolanos en el exterior, secuestrados por los precarizadores o explotadores laborales que se aprovechan de su ilegalidad migratoria, para pagar con migas el trabajo de esos profesionales Doctores, ingenieros, abogados, arquitectos, profesores y más, hoy tienen que trabajar en lo que haya porque sus profesiones no valen en el extranjero y como si eso fuera poco, tienen que hacerlo con un salario inferior por su condición migratoria. Millones de venezolanos sudando en otra patria, para enviar un pan a la mesa de quienes no pueden salir, pero que todos los días amanecen con el deseo de que Venezuela cambie y sea nuevamente próspera para su regreso.
Millones de venezolanos secuestrados políticamente, esperando que nuestro pacto social, la constitución aprobada por la mayoría, deje de ser violentada y cambien todos los poderes de la república, a manos dignas que respeten y hagan respetar las leyes, para garantizar un sistema político en donde sean los venezolanos quienes decidan su destino y no un grupito por la fuerza, la represión o con discursos banales que solo persiguen el control de nuestros recursos.
La voluntad de millones de venezolanos, secuestrada en la persona de quien hoy representa el liderazgo auténtico del país, la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, quien desnudó y puso al descubierto a una dictadura férrea que se escondía en el velo del fraude, con mecanismos amañados para mentirle a la comunidad internacional sobre los resultados electorales, toda vez que la mantienen inhabilitada políticamente y ahora distante de su pueblo al no permitirle el ingreso al país.
El secuestro millonario y digno de un best seller, de nuestros recursos minerales (petroleo, oro, tierras raras, entre otros), cuando la preocupación principal de la nueva alianza internacional son los contratos mil millonarios con un gobierno de facto que no representa ni política, ni legal, ni popularmente a los venezolanos.
Por último, secuestradas las plegarias de millones, al no poder ejercerse la voluntad divina sobre el mal que azota a Venezuela, por no existir la voluntad de la comunidad internacional a frenar a un grupo de delincuentes convictos y confesos que hace mucho llegaron al poder de manera democrática, para luego acabar con las instituciones que defendían esos valores. No es aceptable ver como los señalados por asesinatos, torturas, violación de los derechos humanos, hoy se fotografían con líderes regionales en franca muestra de aceptación y hasta de respaldo a una gestión que vulnera la vida y la felicidad de millones.
En Venezuela estamos esperando que por primera vez, después de una represión sostenida por 27 años, que los líderes internacionales se atrevan a expresarse taxativamente, sin medias tintas y en función de la libertad de nuestro pueblo, que apoyen el regreso inmediato de María Corina Machado y el llamado inmediato y con garantías a unas elecciones libres y transparentes, comenzando por la Presidencia de la República y la Asamblea Nacional, con la finalidad de restituir los Poderes y posteriormente todo el aparato político regional y local. De no ser así, millones de venezolanos dentro y fuera de nuestras fronteras, nuestra voluntad, nuestro liderazgo y nuestros recursos, seguirán secuestrados bajo la mirada y aceptación de quienes tienen en sus manos el poder para resolverlo, pero más allá de eso la necesidad de estirpar un cáncer que quiere hacer metástasis a nivel mundial.
*No quiero finalizar estas palabras sin hacer mención a un venezolano en el exilio que día a día no deja de trabajar por nuestro país, se trata de Augusto Navarro, mejor conocido en las redes como Apolitiko, quien con su frase celebre lo dice todo "Venezuela hay que vivirla, no te la pueden contar".






